Fiesta, Tradición y Color a través de la mirada de Fernando Franco Sevilla

En el Museo del Palacio, Espacio de la Diversidad, se inauguró la exposición “Fiesta, Tradición y Color: Imágenes de la Guelaguetza” del fotógrafo Fernando Franco Sevilla.

Originario de Aguascalientes Franco ha trabajado  para medios nacionales tan importantes como Uno más uno, El Nacional y la agencia de noticias Notimex. Recordó  que visitó Oaxaca por vez primera, en diciembre de 1980, y siempre tuvo la inquietud de regresar; fue hasta 2010 cuando a invitación del ahora gobernador Gabino Cué, llego a registrar su campaña electoral.

“Al llegar a Oaxaca, arribé a un escenario caleidoscópico, de pluralidad, riqueza cultural y contraste”, recordó.

“Como fotografiar lo que ya se ha fotografiado muchas veces” se preguntó Fernando Franco.

“Oaxaca es un estado tan vivo, cuya magia hace que las cosas se vean diferentes, dejándome el reto de capturar todos sus aromas, sonidos, sabores, lenguajes, culturas, paisajes, personajes y todos esos estímulos que me asaltan a diario cuando recorro las calles de la entidad”, expresó  Franco.

El corte de listón inaugural estuvo a cargo del Coordinador de Promoción Turística, Gabriel Antonio Pedro Reyes; el Director del Museo del Palacio, Jesús Martínez Arvizu; el Secretario de Turismo del Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, Jaime Katz Morales y el Secretario de Seguridad Pública, Alberto Esteva Salinas.

Rodeado de amigos y familiares Franco invitó a todos los oaxaqueños y visitantes a apreciar la serie de imágenes que estarán expuestas hasta el 31 de julio, fotografías que dejan ver la belleza de las regiones de Oaxaca y de la gran fiesta de la Guelaguetza llena de esplendor y orgullo por sus raíces.

Museo del Palacio

11 al 31 de julio

Sala temporal 1

Martes a sábado de 9:30 a 18:00 horas

Domingos de 9:30 a 16:00 horas

Lunes 9.30 a 17:00 horas

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AQUÍ ESTÁ LA GUELAGUETZA, AQUÍ ESTA LA MIRADA DE FERNANDO FRANCO.

Por Ernesto Flores Vega

Celebración multicolor, vibrante, cinetica, que ha dado merecida fama mundial a Oaxaca y a sus habitantes, La Guelaguetza es, también, tradición viva, que se deja admirar una y otra ve, que estimula, siempre, nuevas lecturas, nuevas miradas.

Como lo precisaba Andrés Henestrosa, Guelaguetza es una errónea transcripción de la voz zapoteca Guendalizá, que quiere decir parentesco, amistad y vecindad. Es decir, en una palabra, prójimo, o próximo. Guelaguetza significa, pues, ese ánimo de servir entre sí los hombres en la certeza de que todas las alegrías y todas las desventuras pueden ser en un momento dado propias de cada uno”

El fotógrafo mexicano Fernando Franco Sevilla ( Aguascalientes, 1962) lo sabe muy bien: lo ha visto sus ojos. Formando lo mismo en medios de comunicación como los diarios unomásuno, El Nacional y la agencia de noticias Notimex, como en la función pública – durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, y la Gubernatura de Gabino Cué Monteagudo-, este polifacético profesional de la lente reconoce que al llegar a Oaxaca, en el año 2010, arribó a un escenario caleidoscopio, de pluralidad, riqueza cultural y contraste.

Cualquier persona que haya tenido el privilegio de visitar Oaxaca podrá afirmar que se trata de una identidad “ muy fotografiable”. ¿Que piensa Fernando Franco? ¿Cómo mira Oaxaca? ¿De qué manera lo estimula? ¿Qué le provoca? “Pienso que es un reto muy grande, porque esta tierra admirable se ha fotografiado tanto que a veces parece que ya no hay más que fotografiar, pero la magia ocurre y Oaxaca de reinventa. Oaxaca me estimula con sus aromas, sus sonidos, sus sabores, sus lenguajes, sus culturas, sus paisajes, sus temperaturas, su gente, sus personajes, su fauna, su flora, ¡su gran diversidad , que te asalta día con día,  a cada momento!”

Fotógrafo desde los 12 años, cuando le compraron una Agfa Click II; alumno directo de fotógrafos mexicanos como Manuel  Aréchiga Almaguer, Alfonso Merchand, Juan Pinelo, Lázaro Blanco y Aarón Sanchez Vega; admirador de históricos artistas de la imagen como el húngaro André Kertész y los estadounidenses Eugene Smith y James Natchwey, Franco ha documentado fotográficamente multitud de acontecimientos políticos, sociales, religiosos, deportivos y culturales; nada de lo humano le ha sido ajeno. Así, testimonió gráficamente los campos de refugiados en Sudán y Chad, en el norte de África, en 1986; los funerales del emperador Hirohito en Japón en 1989; las visitas de Juan Pablo II a tierras mexicanas y cubanas, en 1990 y 1998. Franco es un todoterreno. Un observador nato. Un incansable cazador de instantes, expresiones, emociones y relatos.

Nada se compara como observar en directo el mosaico de movimiento humano, entrega, alegría, orgullo étnico que embelesa a tantos, cada año, en las festividades de La Guelaguetza. La selección de 40 fotografías que realizó Oscar Estrada del abultado portafolio de Franco logra, sin embargo, suscitar mucho, sin duda los más importante, de lo que se admira con asombro comprensible en esos dos lunes de julio tan esperados.

Aquí están los jubilosos danzantes, entregados a la fiesta en cuerpo y alma, que no parecen volar: vuelan , aves orondas, de hermoso plumaje.

Aquí está el gusto, el orgullo, el donaire, la profunda conciencia de los que han sido elegidos para compartir con los demás; los herederos de un rico legado que, una vez más, lo donan a todos y lo ponen, con alegría, en un sitio común. En la fiesta se hace comunidad y los unos se dan a los otros.

Aquí está la sonrisa, la que siempre se sobrepone a la carencia y a la adversidad, la que proviene de un sitio muy profundo.

Aquí está la belleza de la mujer oaxaqueña y de lo que tejen, con paciencia, las manos hacendosas de los habitantes  de esta tierra. Aquí está el resplandor de las tehuanas y las flores, casi vivas, que relucen en sus vestidos.

Aquí está el color, las formas, y esa geometría admirable que ha permanecido en las prendas y utensilios  oaxaqueños de todos los días.

Para Fernando Franco la fotografía “es algo que nos permite detener el tiempo y nos ayuda a recordar”. Aquí hay, pues, mucho tiempo y recuerdo oaxaqueño. Y  mucho presente y futuro también, a punto, siempre, de ser capturado por un fotógrafo afortunado, y pasar al torrente de la historia, del legado, de la tradición viva.

Aquí está La Guelaguetza. Aquí está la mirada de Fernando Franco.

 

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